Introducción: La soberanía simulada
En el mapa geopolítico de América Latina, Venezuela aparece delimitada por sus fronteras históricas, con su propia bandera, himno y asiento en las Naciones Unidas. Sin embargo, un análisis forense de su estructura de poder, sus flujos económicos y su aparato de inteligencia revela una realidad mucho más oscura: Venezuela ha dejado de ser una nación soberana para convertirse en el experimento colonial más exitoso del siglo XXI. No fue una invasión con tanques ni bombardeos aéreos; fue una conquista silenciosa, ideológica y operativa orquestada desde La Habana.
La tesis de este artículo es clara: el Palacio de Miraflores en Caracas no es la sede del poder ejecutivo venezolano, sino una sucursal administrativa del Palacio de la Revolución en Cuba. Nicolás Maduro no era un dictador autónomo, sino un virrey, y el desmantelamiento del chavismo superficial no garantiza la libertad de Venezuela si no se extirpa la raíz cubana que controla el sistema nervioso del Estado.
Capítulo I: La obsesión histórica de Fidel (De Machurucuto a Miraflores)
Para entender la sumisión actual de Venezuela, hay que remontarse a la década de 1960. Fidel Castro, recién entronizado en Cuba, comprendió rápidamente que su revolución insular era económicamente inviable sin un subsidio externo. La Unión Soviética era un salvavidas lejano, pero Venezuela, con sus inmensas reservas petroleras, era la "joya de la corona" geográfica y energética.
En 1967, esta ambición se materializó en el Incidente de Machurucuto, un intento fallido de invasión militar donde guerrilleros cubanos y venezolanos desembarcaron en las costas de Miranda. La Fuerza Armada Nacional de Venezuela, entonces una institución democrática, repelió el ataque. Fidel Castro aprendió una lección crucial ese día: Venezuela no podía ser tomada por la fuerza de las armas; debía ser tomada desde adentro.
La estrategia cambió de la confrontación militar a la infiltración política. Durante décadas, La Habana cultivó a oficiales descontentos y líderes de izquierda, esperando el momento oportuno. Ese momento llegó con Hugo Chávez. Lo que las balas no lograron en los 60, la seducción ideológica y la astucia política lo consiguieron a finales de los 90.
Capítulo II: Nicolás Maduro, el candidato
Si Hugo Chávez fue la puerta de entrada para los cubanos, Nicolás Maduro fue la póliza de seguro. A menudo subestimado por sus opositores como un simple conductor de autobús, el perfil de Maduro revela una preparación diseñada específicamente para el rol de subyugación que desempeñaba.
En su juventud, Maduro no solo fue un líder sindical; fue formado en la Escuela de Formación Política de La Habana. Allí, bajo la tutela del Partido Comunista de Cuba, no se le enseñó gestión pública o economía, sino lealtad ideológica, contrainteligencia y los métodos de control social del castrismo.
Cuando Chávez enfermó, la decisión de nombrar a Maduro como sucesor no fue un capricho del líder moribundo, sino una imposición estratégica de La Habana. Los Castro desconfiaban de los militares nacionalistas venezolanos (como Diosdado Cabello), quienes podrían haber tenido tentaciones de autonomía. Maduro, en cambio, era "uno de ellos". Su formación en la isla garantizaba que, ante una crisis, su primera llamada no sería al Alto Mando Militar venezolano, sino al G2 cubano.
Capítulo III: El saqueo institucionalizado y la economía parasitaria
La relación económica entre ambos países no es de comercio bilateral, sino de extracción colonial. Durante el auge petrolero, Venezuela transfirió miles de millones de dólares a Cuba bajo la fachada de "intercambio de servicios".
Mientras los hospitales venezolanos carecían de insumos básicos y la infraestructura eléctrica colapsaba, se enviaban diariamente 100,000 barriles de petróleo a la isla. A cambio, Cuba enviaba "misiones": médicos, entrenadores deportivos y, crucialmente, asesores de seguridad.
Este esquema permitió a Cuba revender el petróleo venezolano en el mercado internacional, obteniendo divisas fuertes mientras Venezuela se hundía en la hiperinflación. La economía venezolana fue desmantelada deliberadamente para crear una sociedad dependiente de las cajas CLAP y los bonos del estado, replicando el modelo de la libreta de abastecimiento cubana: el control social a través del hambre.
Capítulo IV: El aparato de represión: El G2 y la tortura científica
El aspecto más siniestro de esta colonización es la reingeniería de las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia venezolanos. La doctrina militar de Simón Bolívar fue reemplazada por la doctrina de la "Guerra de Todo el Pueblo" cubana.
El verdadero cerebro detrás de la represión en Venezuela no está en el SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia), sino en el G2 cubano. Los oficiales cubanos operan dentro de la DGCIM (Dirección General de Contrainteligencia Militar), supervisando interrogatorios y purgas internas. Ellos introdujeron métodos de "tortura científica" para quebrar la voluntad de los disidentes sin dejar marcas visibles, o dejándolas como mensaje de terror.
El mito de la soberanía militar:
Un ejemplo flagrante de esta ocupación es la seguridad personal del dictador. Se ha demostrado consistentemente que el primer anillo de seguridad de Nicolás Maduro —la guardia pretoriana encargada de su vida— no estaba compuesta por venezolanos, sino por agentes de élite cubanos.
Esto responde a una lógica colonial clásica: el virrey no confía en los locales. En la extracción de Maduro que tuvo lugar el 3 de Enero de 2026 (una operación de las fuerzas especiales Delta Force de USA), se asumió que un soldado venezolano podría dudar o traicionar a Maduro por amor a su patria. Un agente cubano, sin embargo, solo responde a La Habana. Su misión era proteger al activo (Maduro) o silenciarlo si se convierte en un riesgo para la isla.
Capítulo V: El Crimen Organizado como Política de Estado (El Cartel de los Soles y el Tren de Aragua)
Cuba, experta en guerra asimétrica, entendió que para mantener el control de Venezuela y desestabilizar la región, necesitaba algo más que ideología: necesitaba crimen.
1. El Cartel de los Soles: Bajo la mirada complaciente de la inteligencia cubana, se permitió que la cúpula militar venezolana se transformara en una organización de narcotráfico. Esto cumplía una doble función: enriquecía a los generales para asegurar su lealtad a la revolución (comprando sus conciencias) y utilizaba la droga como un arma contra Estados Unidos y Europa. Cuba participa y facilita la logística política y de inteligencia para que opere.
2. El Tren de Aragua: La expansión de esta megabanda criminal por todo el continente no es casualidad. Analistas de seguridad sugieren que el régimen utiliza a estas bandas como herramientas de "guerra híbrida". Exportar criminalidad genera caos en países vecinos (como Chile, Perú o Colombia), desviando la atención de la crisis venezolana y desestabilizando a gobiernos enemigos del Foro de São Paulo. Es la exportación del caos, diseñada intelectualmente en laboratorios de inteligencia del G2.
Capítulo VI: El peligro de la "Hidra": Por qué sacar a Maduro no basta
Aquí yace el punto más crítico para el futuro de Venezuela. Existe una creencia ingenua de que la "caída de Maduro" equivale a la liberación de Venezuela. Esto es un error de cálculo fatal.
Venezuela funciona hoy bajo un sistema de ocupación donde el "software" del Estado (identificación, registros civiles, notarías, sistemas electorales y bases de datos de inteligencia) está gestionado por empresas y técnicos cubanos.
Nicolás Maduro fue removido, pero la estructura de asesores cubanos, el G2 y los oficiales venezolanos comprometidos con La Habana permanecen en sus puestos, el sistema simplemente regenerará una nueva cabeza. El chavismo es el huésped, pero el castrismo es el parásito que controla el cerebro.
La estructura de mando real no es vertical dentro de Venezuela, es transversal hacia Cuba. Un general venezolano teme más a un informe de un "asesor" cubano que a una orden de su superior venezolano.
Capítulo VII: La intervención militar en Cuba: imperativo para liberar al continente del narcoterrorismo y el comunismo
Lo expuesto anteriormente sugiere que, para erradicar el narcoterrorismo en las Américas, es indispensable ejecutar una intervención militar directa contra el régimen comunista en Cuba. Esta estrategia podría iniciarse con la extracción de los cabecillas del castrismo —siguiendo el precedente de Nicolás Maduro— para dar paso a la instauración de un sistema democrático en la isla.
Resulta ingenuo asumir que el colapso del chavismo en Venezuela provocará la caída automática del comunismo en Cuba. La historia demuestra lo contrario: tras el desmoronamiento del bloque soviético en los años 90, el régimen de La Habana logró perpetuarse mediante una represión brutal. Dicha dictadura ha demostrado ser capaz de sobrevivir a las peores crisis, desplegando niveles de sadismo y control social que escapan a la comprensión del ciudadano común.
Desde la perspectiva del autor, la restitución de la Doctrina Monroe por parte de Estados Unidos representa un salvavidas para las democracias del hemisferio. Aunque su premisa original rezaba "América para los americanos", hoy debe reinterpretarse bajo la máxima: "América para las democracias, no para el comunismo".
Conclusión: La necesidad de una segunda independencia en Venezuela y la libertad en Cuba
La tragedia venezolana no es solo una crisis humanitaria o una dictadura corrupta; es un caso de pérdida de soberanía nacional ante una potencia extranjera mucho más pequeña y pobre, pero infinitamente más astuta en el arte del poder.
La Habana ha logrado con Venezuela lo que ningún imperio logró en la historia moderna: colonizar a un país más rico y grande sin disparar un solo misil, utilizando la democracia para destruirla desde adentro y utilizando los propios recursos de la víctima para financiar su ocupación.
Cualquier solución para Venezuela que no contemple la expulsión total del aparato de inteligencia y militar cubano es una solución cosmética. La libertad de Venezuela no pasa solo por elecciones libres o cambios de presidente, sino por un proceso de descolonización. Hasta que no se corte el cable que conecta Miraflores con La Habana, Venezuela seguirá siendo, trágicamente, la colonia más lucrativa de los Castro.
Para alcanzar estos objetivos, es imperativo intervenir militarmente en Cuba y erradicar el régimen más perverso que ha existido en la región. Este paso es la única vía para purgar a las Américas de la amenaza comunista y narcoterrorista.